Creaciones

El verdadero tiempo vivído

Esta mañana iba trotando por un camino cuando he visto una vieja y abandonada estación en el horizonte. Un poco antes de llegar a esta estación, una colina a uno de los lados de la Vía Verde me ha llamado la atención.

Estaba tapizada de hierba de un verde maravilloso y había un montón de árboles y flores encantadoras. La rodeaba por completo una especie de valla pequeña de piedra y madera lustrada… Una pequeña puerta de bronce me invitaba a entrar.

No podía sacarme la idea de la cabeza y he acabo sucumbiendo ante la tentación de descansar por un momento en ese precioso lugar. Al traspasar el portal, he notado como se hacía el silencio a mi alrededor. He empezado a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles. Mis ojos las han recorrido y he descubierto, sobre una de las piedras, una extraña inscripción… “Ronco Areta, vivió 9 años, 5 meses, 2 semanas y 3 días”. Me he sobrecogido un poco al darme cuenta de que esa piedra no era simplemente una piedra. Era una lápida, me ha dado pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar…

Mirando a mi alrededor, he visto que la piedra de al lado, también tenía una inscripción, me he acercado a leerla decía: “Estuc Kilian, vivió 4 años, 9 meses y 3 semanas”. Me he sentido terriblemente conmocionado. Este hermoso lugar, era un cementerio y cada piedra una lápida.

Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto, pero lo que mas me ha impactado con espanto ha sido comprobar que el que más tiempo había vivido, apenas sobrepasaba 13 años. Embargado por un dolor terrible, me he sentado y he empezado a llorar.

Una señora mayor, rondando los ochenta, se ha acercado al verme llorar. Era la cuidadora del cementerio, tras mirarme sollozar por un rato en silencio me ha preguntado si venía por algún familiar.

– No, ningún familiar – he contestado a aquella mujer – ¿Qué pasa en este pueblo?, ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar? ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que lo ha obligado a construir un cementerio de niños?

La anciana ha sonreído y me ha dicho:

– Puedes estar tranquilo, no hay tal maldición, lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Te contaré: cuando un joven cumple 15 años, sus padres le regalan una pequeña libreta, como ésta que tengo aquí, colgando del cuello, y es tradición que, a partir de allí, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre la libreta y anota en ella: a la izquierda que fue lo disfrutado…, a la derecha, cuanto tiempo duró ese gozo.

¿Conoció a su novia y se enamoró de ella? ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla?… ¿Una semana?, ¿dos?, ¿tres semanas y media?… Y después… la emoción del primer beso, ¿cuánto duró?, ¿El minuto y medio del beso?, ¿Dos días?, ¿Una semana?… ¿y el embarazo o el nacimiento del primer hijo?, ¿y el casamiento de los amigos?…, ¿y el viaje más deseado?…, ¿y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano?… ¿Cuánto duró el disfrutar de estas situaciones?… ¿horas?,¿días?…

Así vamos anotando en la libreta cada momento, cuando alguien muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba…”Porque ese es, para nosotros, el único y verdadero tiempo vivido.”

Y hoy, en mi cumpleaños número 41, os pregunto… ¿Como va vuestro contador?

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